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En Aysén pagamos la energía más cara, y tenemos cómo cambiarlo

Por Bruno Ortega
Parque eólico recortado contra una bruma dorada al atardecer

Somos la región con menor densidad poblacional del país, lo cual encarece los proyectos energéticos y nos mantiene hoy día con una fuerte dependencia Diesel. Sin embargo, tenemos de todo al alcance para cambiarlo.

Vivir en la Región de Aysén significa pagar caro por algo tan básico como encender la luz o calefaccionar la casa. No es una percepción: es una realidad estructural (abre en una pestaña nueva). Estamos lejos, somos pocos y mover cualquier cosa hasta acá cuesta. Esa distancia se traduce, casi línea por línea, en el valor que personas y empresas pagamos por la energía, sea eléctrica o térmica.

El problema es que la energía cara no se queda en la boleta. Encarece todo lo demás. Una industria que consume mucha energía simplemente no es viable en la región.

El ejemplo más claro es el reciclaje: hoy buena parte de los residuos que podríamos procesar acá terminan viajando al norte de Puerto Montt, porque localmente no existe la capacidad de hacerlo a un costo razonable. Perdemos la oportunidad, el empleo y el círculo virtuoso completo.

Las renovables ya no son una promesa

Durante años se habló de energías renovables «no convencionales». Ese apellido ya sobra. Al año 2026 la energía eólica, solar, geotérmica e hidráulica son tecnologías probadas, con décadas de operación en el mundo.

Lo digo desde la experiencia de haber trabajado en proyectos de cada una de ellas: sabemos qué funciona, qué tiene más riesgo y cómo evaluar ese riesgo antes de invertir un peso.

Para un hogar o una empresa de Aysén, esto se traduce en algo muy concreto: autogenerar parte de su energía y, cuando hay red disponible, inyectar el excedente para bajar la cuenta de luz mediante netbilling (abre en una pestaña nueva). No es ciencia ficción; es ingeniería aplicada al territorio.

Una turbina pensada para el viento patagónico

En esa línea estamos desarrollando, con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), una turbina eólica de baja escala con un diseño resiliente a condiciones que aquí son la norma: vientos excesivos, ráfagas que pasan de la calma a la furia en segundos y turbulencia que cambia de dirección.

Son máquinas de baja potencia pensadas para instalarse de a muchas, en granjas, ideales para campos, electrificación rural y también para la industria.

Bajar el costo energético no es un fin en sí mismo: es la llave que destraba productividad, empleo y calidad de vida en la región.

Co-crear, no imponer

Si algo aprendimos operando en un contexto complejo es que las soluciones no se imponen desde un escritorio en Santiago: se construyen junto a quienes viven el problema.

Existe una desconfianza histórica entre la sociedad civil y la industria, y la única forma de cerrarla es trabajando de manera asociativa, conversando y co-creando. No queremos posicionarnos como dominadores de mercado, sino como un socio con quien sentarse a resolver.

Aysén tiene viento, agua, sol y calor bajo la tierra. Le sobra energía. Lo que falta es la ingeniería que la transforme en algo aprovechable a un costo justo, hecha por gente que entiende el lugar. En eso estamos.